El arte de segmentar, o cómo mantener la motivación al escribir

Siempre se dice que, para ganar un partido de tenis, debes pensar en alcanzar objetivos cortos y precisos, y avanzar poco a poco hasta la victoria. El tenis es un deporte donde tener una buena mentalidad es crucial, y el desenlace del partido dependerá en buena medida de mantener un equilibrio psicológico. Si no tienes los cinco sentidos puestos en cada golpe, el partido se torcerá hasta dar la vuelta al marcador. Por eso es conveniente que, más que visualizarte ganando el partido, pienses que tienes que ganar solo los tres próximos puntos. Resulta más fácil así, ¿verdad? Una vez conseguido ese pequeño objetivo de tres puntos, fácilmente alcanzable, puedes relajarte y respirar tranquilo: lo has logrado, puedes con todo lo que te propongas. ¿Qué viene ahora, otros tres puntos? A por ellos. 

Los humanos funcionamos así: necesitamos sentir que avanzamos, que evolucionamos, que logramos las metas que nos proponemos en la vida. En caso contrario, nos desanimamos y perdemos el impulso más importante para seguir hacia adelante, para lograr nuestros objetivos en la vida: la motivación.

Llevado al tema de la escritura, cada capítulo de la obra es como una fase a superar en la vida, un objetivo que nos hace avanzar en nuestro propósito. Esto nos lleva a poner sobre la mesa ciertas cuestiones antes de embarcarnos en un proyecto de gran amplitud: ¿Es necesario pensar en el índice de un libro, antes incluso de ponerte con ello? ¿No nos limitará segmentarlo en partes que quizá se sienten forzadas y poco naturales?¿No sería más aconsejable escribir todo, y luego dividirlo?

Para abordar este tópico, tomemos la idea de que tu proyecto es una novela larga y con una historia elaborada. Un libro de ciencia ficción o fantasía, por ejemplo, que cuenta con un argumento complejo, muchos personajes, y multitud de situaciones de diversa índole. Partiendo de esa historia general que has construido y que servirá como base sobre la que se va a elaborar la narrativa, resulta recomendable dividirla cuanto antes, aunque sea a modo de referencia. Tenemos que visualizar la segmentación de la obra como una serie de objetivos cortos y realizables, para evitar una potencial desmotivación. Escribir un capítulo es como ganar un juego en el tenis. Por ejemplo, plantéate acabar el capítulo antes de que termine el mes, llegar a cierto momento de la historia antes de que termine el año, o finalizar la primera mitad del libro antes de que acabe la primavera. Si consigues tu objetivo, te sentirás inspirado y con posibilidades para enfrentarte a un nuevo reto. Sabrás que puedes con todo lo que te propongas. ¿Qué viene ahora, otro capítulo? A por ello.

Otro consejo es que, si la historia es tan compleja y profunda que necesitas explayarte para contarla, la separes en dos o más libros diferenciados, donde contarás diferentes tramas y con un final planificado para cada volumen. ¿Qué cada libro será muy extenso y diverso? Plantéate entonces dividirlo en dos o más partes, también diferenciadas. 

Segmentar la novela nos servirá para concentrarnos en crear cada parte por separado, como libros independientes. No plantees la obra como un todo que tienes que terminar pronto para que tenga pleno sentido, pues resulta abrumador. Al igual que en el tenis, si comienzas a escribir con el objetivo de terminar cuanto antes la historia (o ganar el partido), es probable que la motivación desaparezca, y no tardes en mandar la pelota fuera del campo una y otra vez. Te preguntarás por qué, qué estás haciendo mal. Para escribir un libro hay un requisito básico: la perseverancia. Mientras seamos perseverantes, el libro terminará creándose. Si perdemos la motivación que da pie a la constancia, dejaremos de escribir. Ahora lo dejamos dos semanas, ahora un mes; al final, nunca regresamos. Lo sé por experiencia propia.

¿Cómo hacer para no perder la motivación? Esa es una de las preguntas más peliagudas que pueden hacerse, en cualquier ámbito. Se podría escribir un libro entero hablando de la motivación y sus entresijos. 

Mi mayor consejo en este aspecto es crear un índice en los primeros tramos de la novela, aunque sea abstracto, y partir de él para enfrentarnos a los retos que nos propongamos, objetivos cortos y realizables. No obstante, es conveniente matizar estas divisiones: no deben limitarnos ni suponernos barrera alguna. Es importante considerar la segmentación de la obra como una mera referencia y no como una acotación inexorable para no perturbar la esencia de la historia que quieres crear. Según avances en la trama, verás si es o no factible mantener esa división o si conviene alterarla. No lo tomes como algo invariable. Por ejemplo, en el índice inicial existe un capítulo sobre lo que ocurre en la casa del protagonista llamado Dentro de la casa de Tom. Sin embargo, en la práctica resulta demasiado corto y te gustaría terminarlo un poco después, fuera de su casa, cuando sucede algo que tenga especial relevancia en la historia. En este caso, simplemente acude al índice, modifica el nombre del capítulo para que tenga un tono más general (algo como Los delirios de Tom), y asunto resuelto. Hemos logrado nuestro objetivo, que era finalizar el capítulo, mantenemos la motivación, y no nos hemos limitado en modo alguno: el trascurso de la historia se está planteando tal y como teníamos previsto. ¿Ahora el siguiente capítulo se queda demasiado corto? No hay problema, volvemos a reestructurarlo.

Otra pregunta recurrente es: ¿cuánto debe durar cada capítulo? Esto es más subjetivo, depende de cada novela y del estilo que prefiramos otorgarle. Por ejemplo, hay novelas de ficción en que cada capítulo dura una eternidad, y hay otras en que algunos no duran ni una hoja. Depende de lo que se narre en cada capítulo, del estilo y tono que tenga el libro, y de los gustos y preferencias de cada escritor.  ¿Y deberíamos dar un nombre a cada capítulo, o no es necesario? Esto también es subjetivo, y sobre todo depende de la cantidad de capítulos; no es lo mismo dividir una novela en quince capítulos que en ochenta. Si optas por crear pocos capítulos y longevos, resulta más conveniente nombrarlos, porque son más atractivos y fáciles de recordar. En este caso, y sin pretender sentar cátedra, mi preferencia es que los nombres sean cortos y atractivos, y que expliques, sin entrar a destripar la trama, de qué tratará el capítulo. En mi opinión, el título de un capítulo debe entrar por los ojos, que lo leas y te digas a ti mismo: “esto suena bien; es breve pero intenso”. Es imprescindible que termines contento con el nombre otorgado, si ni siquiera tú estás convencido de ello, piensa que es muy probable que a la gente no le convenza; replantéate cambiar el nombre. Y asegúrate de que tiene relación con lo que sucede en el capítulo, aunque sea de manera simbólica.    

Hasta aquí los consejos que puedo ofrecer respecto a la segmentación de la obra como la manera óptima de ser perseverante y mantener la motivación. Como recapitulación, aunque es un tema muy subjetivo, y cada uno otorga a su propia creación el estilo que desee otorgarle, recordad que la constancia es el principio más básico a la hora de crear una obra de estas dimensiones. Mientras no temáis dedicar parte de vuestro tiempo a la construcción de algo tan personal y a la vez tan demandante, su desarrollo no debería torcerse. Y cuando vea por fin la luz del sol, sentirás que puedes con todo lo que te propongas. ¿Qué vendrá después, más proyectos? A por ellos.

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