Dégora Corae, la mentora implacable

Cuando el soldado Cástor Valea conoció en el Templo de Fe a la misteriosa mujer de expresión vacua y aura singular, supo que había algo extraordinario en ella. Dégora Corae fue capaz de percibir en el joven una energía especial, y eso le impresionó a la vez que le inquietó. ¿Quién sería esa enigmática persona que descubrió lo que portaba?

Todo el mundo en la Nueva Civilización sabía que la Orden de los Soldados es una organización compleja y multifuncional, pero casi nadie conocía los profundos secretos que alberga en su seno, sus verdaderos objetivos, o su completa composición. Por eso, muy poca gente conocía la labor principal de tan relevante personalidad en el mundo actual como Dégora Corae, la mano derecha del líder de la Orden, Talos Édelan. No obstante, no era necesario acceder a esta información para tenerla en consideración, porque ella, al igual que el organismo para el que trabaja, destacaba en muy diferentes facetas. Fría, de principios firmes y una voluntad de hierro, para Dégora la Orden de los Soldados era todo cuanto importaba. Siempre luchaba por los ideales que esta representaba, que creía justos y adecuados, y por ello fue nombrada mentora para forjar nuevos soldados de habilidades especiales que llegaran tan lejos como ella.

Dégora era una persona taciturna, reacia a hablar sobre sobre temas banales como su vida privada, hasta el punto de que su expresión en esas ocasiones denota una incomodidad constante; por eso casi nadie sabía que venía de una pequeña villa al norte de la Región Oriental. De ascendencia paternal difusa, su madre era una soldado reconocida y con importancia en la Orden. Motivada por esto, Dégora se afilió a la organización y destacó por sus extraordinarias dotes, también como diplomática. Esto la impulsó en su carrera profesional, hasta posicionarse junto a Talos Édelan. Su elocuencia y la confianza que demostraba fueron muy apreciados por la Orden, a la que representaba en eventos internacionales del mundo humano.

Tan reservada era Dégora, que solo su fiel compañero Josafeht Elvalar intimaba con ella, y por esto, algunos creían en una relación sentimental entre ambos. Sin embargo, solo eran buenos compañeros; consolidar una relación amorosa con un daéruma como Dégora era una tarea casi imposible, que solo unos pocos intentaban. No en vano eran personas especiales y únicas, que alcanzaban tan increíble poder. No en vano destacaban entre el resto de los mortales.

Después de aceptar a Cástor como su pupilo, la vida de Dégora sufrió un vuelco al ver de primera mano que su mundo pendía de un hilo, que el sistema que tanto adoraba estaba en entredicho, amenazado por una oscura corporación. No podía permitir que nada cambiara, debía mantener su espíritu, como siempre, enfocado y eficaz. Todos confiaban en ella para solucionar las cosas. Pero ¿y si había llegado el momento de encontrar su límite? ¿Y si, por una vez, no estaba a la altura de las circunstancias?

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